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Disfruta la calidad de la maquina de coser Singer

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Imagen cortesía de pixabay.com

Decir Singer, es sinónimo de calidad. Una marca que a lo largo de los años se ha impuesto por encima de muchas otras por sus excelentes productos. ¿Quién, en su infancia, no conoció una máquina Singer? Nuestras abuelitas y madres las tenían en un lugar privilegiado de la casa. Y es que, desde 1851, cuando la compañía fue fundada, se fue abriendo camino a pasos agigantados, posicionándose en el primer lugar en cuanto a máquinas de coser se trata.

Hoy por hoy, luego de más de un siglo en el mercado, Singer sigue marcando la pauta en cuanto a calidad. Desde las grandes empresas de costura hasta las amas de casa, todas prefieren una máquina Singer. Así ha sido y sigue siendo, a pesar de los muchos años que han pasado.

Tal vez estás pensando en comenzar tu propio negocio de costura y necesitas adquirir una buena máquina, o simplemente la quieres para tu uso personal, hacerle la ropita a tus hijos y los arreglos para la familia. Pues no lo pienses más. Debes elegir la mejor, la que te ofrezca mayor calidad. Tú necesitas la garantía de que estás adquiriendo un buen producto. Ese que te durará por mucho tiempo, aunque le des mucho uso.

Con Singer encontrarás una gran variedad de máquinas: eléctricas, portátiles, automáticas, industriales, manuales, en fin, para cada necesidad, existe una buena opción. Solo tienes que consultar el catálogo con todas las ofertas que te describen allí. Los precios son muy variados, por lo que, seguramente, encontrarás el que más te conviene.

Recuerdo que, siendo muy niña, me sentaba al lado de mi abuela mientras pedaleaba cada tarde en la vieja máquina de la casa. Para mí, era un artefacto fantástico, pues cada trozo de tela que caía en sus manos, era transformado en maravillosas piezas de ropa. Las señoras del vecindario le mandaban a coser vestidos para ellas y sus hijas, pero lo que en realidad salía de la Singer eran verdaderas obras de arte.

Un día le dije: “abuelita, tienes unas manos increíbles”, pero ella solo sonrió y con sus manos acarició la máquina. Lo hizo con tanto cariño que me sorprendió. Cuando le pregunté por qué lo hacía, me dijo que todo se lo debía a esa máquina, que, aunque no era la más moderna, sí era la mejor, pues había sido la herencia de su madre. “¿Y todavía la tienes? -le pregunté sorprendida- ¡Claro, pero no ves que es una Singer!

Yo no entendí en ese momento, pero al crecer, supe lo que me había querido decir: Una Singer te va a durar toda la vida. Por eso, por la experiencia familiar, sé que puedo recomendar ampliamente este producto.

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